¿Sabes por qué es tan importante saber inglés? Además de que ya es indispensable como segunda lengua, muchos de los productos que utilizamos en el día a día tienen la información que necesitamos para su uso. Tal es el caso del protector solar. 

 

¿Para qué lo utilizamos? Precisamente para proteger la piel del daño climático y solar que nos podría ocasionar al pasar mucho tiempo expuestos al sol. Al comprar un protector solar lo más seguro es que leas los números grandes que vienen en la etiqueta que dicen FPS. Estas iniciales significan Sun Protection Factor lo cual se traduce en la forma numérica en la que tu piel tardará en quemarse. 

 

Cada uno de nosotros tenemos tonos de piel muy diferentes, los cuales corren menor o mayor riesgo en la medida de los pigmentos que esta tiene, por lo que cada protector contiene FPS definidos para cada tipo de piel. El más alto es de 50+, ideal para pieles muy claras, porque estas tienen menor resistencia al sol y esa cantidad de FPS es de alta protección. En verano los rayos del sol pegan mucho más directo y para la piel clara una quemadura de alto riesgo puede darse en los primeros 15 minutos de la exposición al sol. Con un Sun Protection Factor de 50+ la piel clara puede resistir hasta 750 minutos expuesta al sol. 

 

La piel oscura, por otro lado, puede resistir 25 minutos en exposición sin protección. Con protección de FPS 50+ puede soportar hasta 1250 minutos en exposición. Para calcular tu FPS es importante que investigues cuánto tiempo puede estar expuesta tu piel al sol. Ojo, eso no lo puedes saber tú por cuenta propia, sino que debes buscar la opinión de un experto que te diga qué tanto tiempo puedes estar en el sol. Esa cantidad debes multiplicarla por el número de FPS que diga tu bloqueador y ¡listo! Tendrás el tiempo estimado que el protector te cuidará de los rayos UV.